jueves, 27 de septiembre de 2007
Contra Stiglitz
martes, 11 de septiembre de 2007
"Cold Steel"
El presente artículo de The Economist habla de uno de los principales instrumentos de la política comercial internacional: los aranceles. En concreto, de la decisión de Mr. Bush, de marzo de 2002, de imponer un arancel sobre las importaciones de acero a Estados Unidos. La teoría clásica del comercio internacional afirma que todo tipo de obstáculos a la exportación son ineficientes económicamente, dado que disminuyen el excedente de los consumidores, que importarían dichos bienes, si no estuviesen gravados. Por lo tanto, el coste de esas medidas proteccionistas se traslada a los consumidores que han de pagar más por unos bienes que, de otra manera, resultarían más baratos. En efecto, como apunta el autor del artículo “incluso la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos, que recomendó los aranceles, reconoció que los mismos podían costarle a las empresas y a los trabajadores norteamericanos unos 680 millones de dólares. Los altos precios benefician a los productores de acero, pero perjudican a los consumidores del mismo, muchos de ellos empresas manufactureras luchando contra la competencia internacional (…) Mr. Haufbauer ha estimado que las empresas consumidoras de acero posiblemente hayan perdido entre 26.000 y 43.000 trabajadores, este año [2002], a causa de los arenceles”.
Sin embargo, el problema de la política comercial no es un problema únicamente de eficiencia económica. Se trata fundamentalmente de una cuestión política, o mejor dicho, de economía política. Repasemos brevemente la teoría del comercio internacional. Desde los tiempos del economista David Ricardo, se sabe que los países ganan si se especializan en producir y exportar aquellos bienes en los que poseen ventaja comparativa; es decir, aquellos productos que pueden producir con un menor coste de oportunidad en relación a otros países. Las fuentes de estas ventajas comparativas son muy diversas, pero la más importante es la dotación de factores productivos (tierra, trabajo y capital) que posee una economía determinada.
De esta afirmación nace el modelo de comercio internacional Heckscher-Olin (creado en la primera mitad del siglo XX por dos economistas suecos) que afirma que los países deben especializarse en producir aquellos bienes intensivos en el factor productivo que más abunda en una economía. De esta manera, países con grandes extensiones de tierra fértil, como Canadá, deben exportar alimentos; mientras que naciones con importantes dotaciones de trabajo, como China, sería recomendable que exportasen bienes intensivos en mano de obra poco cualificada (como el calzado, por ejemplo). Por último, países con abundancia de capital (capital humano, tecnología,…) deberían producir bienes intensivos en capital (ordenadores, superconductores,…)
El corolario del modelo Heckscher-Olin, se conoce como el “teorema Stolper-Samuelson” y viene a decir que el comercio internacional favorecerá a los dueños de factores productivos abundantes, mientras que perjudicará a aquellos que posean factores productivos escasos. Por ejemplo, en Estados Unidos los beneficiados por la apertura comercial serán aquellos que trabajen en o tengan acciones de empresas tecnológicas (intensivas en capital) mientras que los perjudicados por la misma serán los trabajadores y empresarios de firmas de productos intensivos en trabajo poco cualificado, como las dedicadas a la confección.
En resumen, el comercio internacional crea ganadores y perdedores y este es el punto clave para entender la economía política del comercio internacional. Normalmente, los empresarios que se ven afectados por la competencia internacional, se unen creando importantes grupos de presión que actúan para lograr que se impongan medidas proteccionistas que, en efecto, protejan a sus sectores.
En este sentido es en el que hay que entender el artículo cuando afirma: “si [Mr. Bush] elimina estos aranceles, es posible que pierda el apoyo [de los Estados productores de acero, como Virginia, Pennsylvania y Ohio] para la aprobación del Acuerdo de Libre Comercio de América Central en el Congreso”. El problema de los lobbies proteccionistas es que poseen un gran poder, ya que son grupos muy reducidos y con una gran capacidad de movilización. Su influencia no puede ser contrarrestada por grupos de presión aperturistas ya que, normalmente, los beneficios derivados del comercio internacional son más difusos, afectan a los consumidores en general, que los perjuicios, que por regla general inciden sobre grupos más bien determinados y reducidos. De esta manera, es mucho más fácil que se movilicen unas pocas empresas, que deben enfrentarse a la competencia internacional, que millones de consumidores escasamente organizados.
Otro de los problemas de la utilización de medidas proteccionistas es que perjudica a los países exportadores de esos productos, en el caso que nos ocupa a los productores extranjeros de acero. Por lo tanto, el país que impone barreras a las importaciones se arriesga a sufrir las represalias comerciales de los países afectados. En el caso del acero norteamericano,
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